Recordamos el terrible precio del odio y los boicots entre nosotros. En los últimos tres años, con esfuerzos conjuntos, evitamos la destrucción del Tercer Templo. En lugar de una guerra civil, fuimos hermanos luchando codo a codo para repeler a quienes buscaban nuestras vidas. Unimos fuerzas, luchamos como leones y juntos salvamos al Estado de Israel. Demostramos al mundo que el pueblo de Israel es un pueblo valiente, con un ejército valiente, una generación de héroes. Repelimos el terror de la destrucción y logramos logros tremendos. Aunque el trabajo aún no ha terminado, aunque muchos desafíos aún yacen ante nosotros, estoy seguro con toda mi alma de que podemos superarlos. Como Primer Ministro de Israel, tengo la intención de profundizar la unidad entre nosotros. Actuaré para establecer un gobierno nacional amplio, un gobierno estable que cuide nuestra seguridad y nuestro futuro. Sé que durante un período electoral habrá debates que nos dificultarán ver esto, pero también sé que estamos mucho más unidos de lo que parece. ¿Cómo lo sé? Porque los vi en un momento de prueba. Porque me encuentro con nuestros heroicos combatientes. Porque vi al pueblo de Israel en todas sus partes en su plena gloria, un pueblo que se tiende la mano mutuamente. Y aquí está la gran lección: en el odio infundado fuimos destruidos, en el amor a Israel resurgimos. Juntos, con la ayuda de Dios, aseguraremos la eternidad de Israel.
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