Científicos identifican mecanismo oculto que podría transformar tratamiento contra malaria

Científicos israelíes descubren cómo el parásito de la malaria manipula las células inmunitarias

Jerusalén, 23 de abril de 2026 (TPS-IL) — Científicos israelíes han descubierto un nuevo mecanismo utilizado por el parásito de la malaria para manipular las células inmunitarias humanas, lo que podría redefinir la comprensión de una de las enfermedades infecciosas más mortíferas del mundo.

La malaria es una enfermedad causada por una categoría de parásitos conocidos como Plasmodium, que se transmite a las personas a través de picaduras de mosquito. Cuando una persona es picada, el parásito primero va al hígado, luego se traslada al torrente sanguíneo, donde infecta los glóbulos rojos. Si la malaria se diagnostica a tiempo y se toma la medicina adecuada, la mayoría de las personas se recuperan por completo. Sin embargo, puede ser mortal, especialmente para niños y mujeres embarazadas, si no se trata lo suficientemente rápido. En 2024, la Organización Mundial de la Salud estimó 282 millones de casos de malaria en todo el mundo y 610.000 muertes.

Una nueva investigación dirigida por científicos del Instituto Weizmann de Ciencias arroja luz sobre una de las formas clave en que el parásito logra sobrevivir tan eficazmente en el cuerpo humano. Los hallazgos, publicados en la revista revisada por pares Cell Reports, muestran cómo el Plasmodium falciparum puede entregar material genético en el núcleo de las células inmunitarias y alterar sus sistemas de control internos.

Ya se sabía que el parásito invadía los glóbulos rojos, pero hace más de una década, la profesora Neta Regev-Rotsky del Weizmann descubrió que también se comunica entre células infectadas utilizando diminutas vesículas que contienen ADN. El nuevo estudio muestra que estas vesículas también transportan ARN, incluido el ARN mensajero (ARNm), que contiene instrucciones para la producción de proteínas. Esto sugiere que el parásito utiliza la comunicación basada en ARN de manera mucho más extensa de lo que se entendía previamente.

«Era inconcebible»

Los investigadores descubrieron a continuación que estas moléculas de ARN entran en células inmunitarias conocidas como monocitos y, de forma inesperada, viajan al núcleo, el compartimento más protegido de la célula.

«Era inconcebible. La célula protege celosamente su núcleo, ya que allí se guarda su 'cerebro'», dijo Regev-Rotsky. «Para convencernos a nosotros mismos —y a otros— de que el ARN del parásito realmente penetra estos sistemas de defensa, tuvimos que identificarlo directamente dentro del núcleo». Este hallazgo cambió el enfoque de la simple comunicación inmunitaria a la interferencia nuclear directa.

Para demostrar el mecanismo, la investigadora doctoral Dra. Paula Abu Karem desarrolló un sensor fluorescente capaz de detectar moléculas individuales de ARNm del parásito dentro del núcleo, que aparecían como puntos rojos brillantes bajo el microscopio. Cada punto representaba una sola molécula de ARN que había cruzado al núcleo. Un análisis posterior mostró que el ARN parasitario se une a componentes clave de la maquinaria de empalme de la célula huésped, que edita el ARN antes de que se traduzca en proteínas. La alteración de este sistema conduce a un fallo generalizado en la producción de proteínas inmunitarias.

Trabajando con investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el equipo descubrió que esta alteración del empalme tiene consecuencias más amplias para la defensa inmunitaria. Los monocitos infectados liberan señales de socorro que atraen a células inmunitarias adicionales, creando una respuesta inmunitaria intensa pero mal dirigida. Mientras tanto, los parásitos dentro de los glóbulos rojos continúan multiplicándose sin ser detectados en gran medida.

«Es un mecanismo de distracción», explicó Regev-Rotsky. «Es como lanzar una granada en una dirección para que los guardias corran hacia ella, mientras tú te mueves a otro lugar». El resultado es una confusión inmunitaria que beneficia la supervivencia del parásito.

Para los investigadores, el estudio reformula la malaria no solo como una infección sanguínea, sino como un patógeno capaz de manipular directamente la regulación génica dentro de los núcleos de las células inmunitarias, revelando una nueva clase de objetivos potenciales para futuras terapias.

Los hallazgos apuntan a varias aplicaciones prácticas. Una es una nueva estrategia de tratamiento que bloquea la capacidad del parásito para interferir con el empalme del ARN, restaurando potencialmente la función inmunitaria normal mientras la infección persiste. Otra es un diagnóstico mejorado basado en la detección de "firmas" de ARN parasitario transportadas en vesículas sanguíneas, lo que podría permitir una detección más temprana y sensible incluso cuando los niveles de parásitos son muy bajos.

Los investigadores también sugieren que estas señales de ARN basadas en vesículas pueden tener un valor más amplio más allá de la malaria, ya que mecanismos similares aparecen en otras enfermedades, incluidos el cáncer y los trastornos neurodegenerativos, donde podrían servir como biomarcadores para la detección y el seguimiento de la enfermedad.